POSTEO 9C: El efecto espectador
El efecto espectador es un fenómeno psicológico por el cual es menos probable que alguien intervenga en una situación de emergencia cuando hay más personas que cuando se está solo.
La explicación más común de este fenómeno es que, con otros presentes, los observadores asumen que otro intervendrá y todos se abstienen de hacerlo. El grupo hace que se difumine la responsabilidad. La gente puede también asumir que habrá alguien más preparado para ayudar como un médico o un policía y pensar por lo tanto que su intervención sería innecesaria. La gente puede tener también temor de ser avergonzados delante de las personas presentes al ser reemplazado por un ayudante “superior”, o de ofrecer una ayuda no solicitada. Otra explicación puede ser que los espectadores monitorean las reacciones de otras personas en una situación de emergencia para determinar si piensan que es necesario intervenir. Dado que los demás están haciendo exactamente lo mismo, la gente concluye de las reacciones de los demás que la ayuda es innecesaria, en lo que puede ser un ejemplo de ignorancia colectiva.
El psicólogo Robert Cialdini,de la Universidad Estatal de Arizona; y su equipo llevaron a cabo un experimento muy sencillo en una estación de metro de Nueva York para demostrar la influencia de las personas de nuestro entorno en lo generosos que somos. El equipo de investigadores se dedicó a contar el número de personas que donaban a un músico callejero.
Después de un tiempo introdujeron un pequeño cambio: cuando un pasajero se acercaba al músico aparecía otra persona (contratada por los investigadores) y le dejaba unas monedas. De esta manera cada individuo que se acercaba al músico veía como una persona donaba. ¿El resultado? Al ver a otra persona ser generosa, los donantes se multiplicaron por 8. Muchas de las personas que piden en la calle conocen este hecho por su propia experiencia, por eso rara vez tienen el recipiente donde depositan las monedas vacío ya que esto señala que nadie ha donado antes (y no invita a que donemos).
El equipo de Cialdini decidió entrevistar a los individuos generosos después de su donación y se dieron cuenta de que ninguno de ellos reconocía que la persona que había dado monedas antes que ellos les había influido en su acción. En vez de eso aportaban otras razones para explicar su generosidad: “Me gusta como toca”, “Soy una persona generosa” o “Me da pena que tenga que pedir en el metro”.
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